Mostrando entradas con la etiqueta Bélgica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bélgica. Mostrar todas las entradas

lunes, 2 de julio de 2012

Desvirtualizándonos

IMG_0010  IMG_0011

Es lo que tienen los "Encuentros" (¡qué nombre tan logrado!) Pues sí, la gente se encuentra. Y así ocurrió. Sin esperárnoslo. Los dos estábamos  participando en el Encuentro Práctico en París. Al terminar mi taller, se me acercó un joven profesor y me saludó, presentándose. Era... ¡Manuel Rastrero! ("Sin permiso", Nueva Caledonia) ¡Fantástico!
Solo nos conocíamos virtualmente, sabíamos nuestros nombres y apellidos, detalles de nuestras vidas, porque están narradas en el libro que compartimos; también, vagamente, el lugar en que vivimos... nada más. 
Desvirtualizarnos así, sin esperarlo, fue una sorpresa y una alegría. No tuvimos demasiado tiempo para charlar todo lo que, al menos yo, hubiera querido;  pero sí tuvimos tiempo para unas risas, unos abrazos, unas fotos, y un pequeño vídeo con nuestro brindis, para todos vosotros:




¡Ojalá haya más encuentros, y, al final, nos conozcamos todos, de carne y hueso!

jueves, 29 de septiembre de 2011

Bienvenida a Bélgica

La postal que envié a mis colegas y que colgaron en la sala de profesores del Instituto no era esta, pero el tema es el mismo. Y es que el día en que llegué a Bélgica, vestida, pardilla de mí, de septiembre barcelonés, la lluvia y el viento me dieron una de sus implacables bienvenidas. Las ráfagas destrozaron mi paraguas al salir del metro y me presenté en mi nuevo trabajo chorreando y aterida. Era su manera de decirme: Este es nuestro territorio, ¿te enteras?, y vas a tener que convivir con nosotros.

Y además, estaba sola, no conocía a nadie, mi compañero y mi familia se habían quedado en Barcelona. Fue un impacto.

A pesar de mi repudio inicial, viví seis años en Bélgica. O sea que me adapté, sí; y conviví, sí, con la lluvia y con el viento. Porque el país tiene muchas, muchísimas cosas buenas. Pero, sobre todo, porque los belgas fueron mis anfitriones, colegas y amigos. Bélgica es ahora “le plat pays qui est le mien” que cantaba Brel.

El viaje desde el rechazo al descubrimiento y finalmente, la adopción es lo que he querido contar en mi relato del que tantas cosas han quedado fuera. Cuatro o cinco páginas no pueden abarcar un océano de vivencias. Quizá irán apareciendo en otros relatos que escribo. Y, por qué no, quizá en este blog.

Nota: Esta entrada está escrita pensando en lo que diré en la presentación del libro esta tarde en la Llibreria Catalònia. Pero no solo hablaré de mi narración. También de la aventura virtual y coral de la gestación y nacimiento del libro.

Grabaremos todo el acto, no sé si en vídeo, pero seguro que en audio.

Conmigo estáis, conmigo vais